Las siete treinta
Y ahora que, si en estos mis tiempos, no se es capaz con la idea de imaginar un mundo mejor. Inalcanzablemente se intenta pero las armas del estado son tan fuertes que el mundo solo queda parafraseado. Conspiración absurda, promulgación de mitos urbanos que en realidad son una cadena escenarios que hemos olvidado. Somos la era urbana, misericordia a todos ellos que conocieron personalmente la muerte, la honestidad perdida pero recuperada por los medios de comunicación. Cuando no, que sucede pues con esta tierra, que vive con su tiempo y la conspiración del viento que se mueve entre las praderas y llanuras de la emblemática y cafetera Colombia, no se puede ser mas una deuda, yo no me debo a ningún gobierno extranjero. Porqué no te importo país perdido en la mísera facultad de ser capitalista, aunque la música puede ser pequeño refugio, y las letras la posibilidad de buscar. Melas medidas precisas para poder creer en esa mística felicidad, ahora puedo decir que me conmociono en este universo tan extraño, porque he recordado que hace no más dos horas estaba en el bus de esta mega autopista. Cruza mi ciudad, recrea mi vida de procesos. Me confunde un poco y me deja vivir un tanto ocupado para que ellos vivan mejor que yo, vil historia humana, algunos preguntan por qué me quejo pero el hambre no me deja pensar en nada más que sobrevivir esta pena. en cuanto a mis palabras les puedo decir una disculpa, pero es que nunca nos acostumbramos a ser totalmente racionales y consultar cual era la medida de la misma, ahora bien, debo recostarme ahora a pensar en una multitud de proyectos que son una apuesta diferente, puedo ser descriptivo pero a la suma soy y quiero ser un artista, aunque mañana camine desesperadamente a la universidad de la vida, pobre vida, se ve tan buena pero desearía que funcionara. Pregúntelo y responderé que no se mas, que podemos ser libres utópicamente cuando desaparezca la palabra y la realidad vuelva en sí de este ciclo, extravagante como la relatividad. que será de la energía que necesitemos para nosotros, la que nos impulsa a generar una nueva pasión, un nuevo encuentro, una calle solitaria en medio de la ciudad. Húmedas y frías calles. Mis pies encalambrados ya dispuestos a descansar. Estoy sobre la cama y son como las nueve, dos buses, un trasbordo. He llegado a esta mi prisión y palacio, donde no queda más que reposar, pero es la hora adecuada, ¿para no dormir más? puedo ser un miserable, regalaría el alimento al que hambriento este, somos humanos no animales señores, ¿pueden las niños dejar de vivir en las calles? recuperemos nuestra institución más importante, la familia, conciliemos con los sueños una hazaña tal como números hay en el planeta para demostrar que las palabras son infinitas y no pasajeras.
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